Medicencriss

Relatos, opiniones, y nada más.

Mes: abril, 2016

Insomnio.

Insomnio Era tarde, de noche, cuando las horas no se sienten y el silencio estremece la tranquilidad que debería brindar. Un frío intenso entra por la habitación, recorriendo cada rincón de la mism…

Origen: Insomnio.

Pesadilla.

Parte 1Insomnio.


 

Andrés se levanta. Gotas de sudor caen de la frente y el cuerpo. Rápidamente palpa sus labios con su propia lengua: Están intactos y no hay sabor a sangre. Todo fue una pesadilla. Habrá sido el alcohol, la fiesta de la noche anterior, la resaca tal vez.

La maldad del mundo puede perpetrarse a través de muchas formas; para la suerte del joven, ésta fue sólo en un sueño, un producto de su mente, pero ¿por qué ese acontecimiento tan extraño? Indagó en su mente tratando de hallar una posible causa, como si de un psicoanalista se tratase.

En medio de la búsqueda mental, levanta la cabeza y nota que no percibe nada, sólo oscuridad. ¿Las luces apagadas? ¿Un bajón de energía? Y, además, ¿de dónde provenía ese olor extraño? Era como maloliente y húmedo, como un pantano de animales muertos. A medida que los sentidos se activaban, poco a poco se percataba de lo extraño del lugar. El gusto, la vista, el olfato, el oído, y, finalmente, el tacto. Es entonces cuando empieza a mover los dedos de sus pies, y luego intenta flexionar sus rodillas, cosa que, por alguna razón no logra realizar, algo estaba limitando su movimiento. «Inténtalo de nuevo» se dijo a sí mismo, para fallar una vez más. Hizo lo mismo con sus brazos, que, aunque pudiera moverlos hacia los lados, era incapaz de levantarlos. Andrés empieza a sentirse ansioso, la situación se torna tensa, ¿otro sueño? ¿Qué estará pasando? ¿Alguna broma pesada?

Unos pasos suenan a lo lejos, o al menos ese fue el hecho al que asoció con aquel sonido. De ser así, son pisadas muy fuertes, muy pesadas, y una de ellas pareció haber tocado algo húmedo.

Una gota. Algo está cayendo al suelo, muy cerca de él. Dos gotas.

– ¿Qué será?- Se pregunta el joven.

Tres gotas. Empieza a mover los dedos de las manos con la esperanza de hallar el porqué del goteo. Algo anda mal. No siente los dedos de su mano izquierda. El pánico poco a poco se apodera de su mente, como estar en una piscina de 5 metros vacía, y sentir que la llenen hasta hundirte en una espiral de desesperación. Intenta mover la muñeca, para confirmar que tampoco puede sentir la extremidad completa. Era como si no estuviese. ¿Será algún efecto del alcohol? No era normal. Y las gotas seguían cayendo, una a otra…

Escucha pisadas. Una. Dos. Tres. Se acerca. Al fondo percibe una luz muy débil. Aprovecha la oportunidad para analizar el lugar, cuyas paredes estaban desgastadas y tenían unas manchas de color oscuro y profundo. Entonces piensa en voltear la mirada para ver qué ocurría con su mano, si algo le cortaba la circulación o si había otra razón para no sentirla. Los párpados se ensanchan. Las pupilas se dilatan. Un baño de sudor frío impregna su frente. El miedo lo paraliza, y un nudo en la garganta le genera unas fuertes náuseas. Estaba a punto de colapsar por lo que sus ojos percibían, y, lo que es peor, lo que su tacto también percató, aunque la mente del joven no quisiera aceptar: Su mano no estaba.

Una venda cubría lo que debía ser una cortada.

– ¿Qué clase de pesadilla horrible es esta?

Otra luz se enciende, y, al fondo, puede ver a un hombre enorme, obeso, de apariencia espantosa, portando una ropa desaliñada y un delantal de un color blanco amarillento, con unas manchas parecidas a las de la pared. Aquel ser extraño, se acercó lentamente hacia una mesa, con pasos desalentadores, como si los pies estuviesen a punto de renunciar a su trabajo. Andrés no podía percatar qué había exactamente en la mesa, pero si notó como levantó algo con las manos y se lo llevó a la boca. Empezó a morder. Sus dientes estiraron una porción de ese “algo” elástico y sumamente resistente, hasta que cedió, cortando un trozo y masticándolo lentamente. Una gota. Dos gotas. Tres gotas. La mirada queda fija en aquel raro espectáculo, hasta que los ojos se acostumbran a la luz opaca y la distancia, para notar que la boca del individuo estaba llena de sangre, y lo que portaba parecía un trozo de carne. Una gota. Dos gotas. Tres gotas. Cuatro gotas. No. No es cualquier trozo de carne. Era su mano izquierda la que estaba despellejando con cada mordida, saboreando la piel y sangre mientras intentaba dejar sin carne a los propios huesos de sus dedos. Para Andrés, su pesadilla apenas acababa de empezar.

goya