NO ESTÁS SOLO.

Hola. El siguiente relato corresponde a mi participación en el concurso de la web sttorybox.com. Este post lo iré actualizando según avance en el concurso, dado que es por rondas: En cada ronda, si pasas, te permiten agregar una nueva parte en tu escrito; en caso contrario, quedas descalificado y no podras seguir. Si te gusta lo que lees, puedes votar por mi entrando con tu cuenta de Facebook en el siguiente link: http://www.sttorybox.com/stories/7431-no-estas-solo
Sin más que decir, vete leyendo.


NO ESTÁS SOLO.

Parte 1.

Nunca había dejado que la oscuridad me agobiara tanto dentro de mi propio hogar, pero la soledad era un factor que desgraciadamente no podía controlar.
Cerré ventanas para que el frío no interrumpiera mi sueño, que bastante tenía para lidiar con mi maldito insomnio. Fui de habitación en habitación apagando las luces, ya dispuesto a tumbarme en mi cama. Conecté mi celular al cargador, en la mesa de noche justo al lado de mi cama. Me acosté, me arropé y me dispuse a dormir, pero en un intento fallido de cerrar los ojos, escuché un ruido extraño en la sala. No era algo para asustarme, puesto que siempre escucho cosas aquí, incluso antes del funeral de mis padres, sin embargo la agobiante noche hacía que todo fuese más incómodo. De pronto, mi puerta se abre lentamente y una persona pequeña con atuendo extraño se aparece. Me asusto inmediatamente y supongo que se proyectó en mis ojos dicho miedo, porque aquel extraño ente sonrió de una manera muy pícara y juguetona.
―Tantas cosas horribles y aterradoras que hay en este mundo, y en el otro, ¿y tú te asustas con mi presencia? Ja, divertido.


Parte 2.

―¿Qué haces? Esconderte en las sábanas no te servirá de nada. Eso sería como taparte de la lluvia con el dedo índice. Mírame a los ojos.―
Me desprendo de mi manto protector lentamente a petición de la criatura, un tanto por convicción propia y otro por seguir una orden, como si una fuerza externa me obligase a hacerlo.
―¿Qué eres?― Le pregunto al extraño ente, que cada vez se me hacía más horrible.
―Pregunta incorrecta. La respuesta tú ya la sabes.―
―E-eres un… ¿Un duende?―
―Duende, momoy, el nombre que me quieras dar― me responde al tiempo que suelta una sonrisa macabra.
―¿Qué quieres de mi?―pregunto, mientras me cubro hasta el cuello como si de un escudo se tratase.
―¿Qué quiero de ti? Ja, humanos. Siempre se hacen los interesantes cuando, honestamente, son sólo víctimas de su propia ignorancia. Yo de ti no quiero nada; pregunta incorrecta.
―¿Qué haces aquí?
―Pregunta incorrecta, de nuevo. En este caso, la duda sería qué haces tú aquí. Yo llevo viviendo en este lugar mucho antes de que ésta y otras casas se levantaran. Mucho antes de que tu alma vagara por «este» mundo.
―¿Eso quiere decir, entonces, que llevas todo este tiempo viviendo aquí? ¿Me has estado observando?― mi curiosidad aumenta con cada segundo que el duende me habla, todo es muy confuso ahora mismo.
―Sí y no. He vivido aquí contigo, también allá y un poco más acá. Y no te he estado observando, al menos no tanto como tú crees; sólo lo suficiente como para conocerte y predecir tus movimientos, lo cual no es muy difícil.
―¿Y por qué me observas? ¿Por qué a mi?
―Oh, pero si ya te estás acercando, ¿cuántas preguntas te tomaron? ¿5? ¿6? Ja, pero, una vez más, esta también es la incorrecta. Además, no te creas especial, no lo eres para mi, «pequeño ingenuo».― dice el duende, soltando una gran sonrisa burlona.
―¿Y se supone que debo preguntarte algo?―ya me empieza a incomodar la insolencia de sus palabras, además de desesperarme un poco toda esta situación―a ver, si has estado aquí todo este tiempo, ¿cómo es que nunca te he visto?
―Jaja, ¿ves como eres de ingenuo? Tienes mucho que aprender, pero tranquilo, para eso estoy. Nosotros los duendes, tu miedo, tenemos ciertas, digamos… Habilidades: Podemos escondernos de los ojos ciegos, de los que no saben como mirar más allá, de los que se niegan a observar con el alma. Así pues, podemos escondernos de los «ingenuos».
Tras escuchar esas palabras, me molesto más aun, tanto como si una energía emergiera de mi, producto tal vez de mi cólera.
―¿Y por qué dejaste de esconderte? ¿Por qué esta noche? ¿Por qué a mi?― acto seguido, percibo como pierdo la sensibilidad de mis manos, como si no las tuviese, como si flotaran.
―Esa, mi pequeño amigo, esa es la pregunta correcta.―alza la mirada a la vez que sonríe.
―¿Y me la vas a responder o no?―
―Humanos, siempre tan impacientes, ja. Si supieran que la ausencia de tal don y el exceso de codicia significa la perdición para muchos de ustedes; y que forma tan patética de perderse en este mundo. Bien, estimado vecino nocturno, dulce víctima del insomnio, criatura de futuro incierto, la verdad es que estoy aquí para ayudarte. Más aun, estoy aquí para responderte una pregunta, que, como verás, no has podido encontrar, sólo quería que te dieras cuenta de la situación, y jugar contigo un rato, por qué no.―sonríe― Cuando lo hagas, me iré de tu vida tal vez para siempre, pero hasta tanto, me quedaré para ofrecerte mi ayuda, y vaya que la necesitarás…―
No entendía nada de lo que sucedía, nada de lo que decía, nada de lo que me explicaba. Mientras él más hablaba, yo más perdido me sentía. «¿Será esa la perdición de la que él habla? Tal vez esté dormido, tal vez sea un sueño, tal vez..»
―No estás dormido. Mañana recordarás todo esto, y más te vale recordar cada palabra que te digo.―me dice el duende, como si respondiera a las preguntas que me hago en la mente―No te sorprendas, ya te lo dije, te conozco lo suficiente como para predecir tus movimientos, y lo que piensas. Ahora di tus últimas palabras de la noche, yo estoy apunto de irme.
―Si estás aquí para ayudarme, si te muestras ante mi y, además, entablas una conversación conmigo, ¿significa que soy especial? ¿cuál será mi futuro a partir de ahora?
―¿Tengo que repetirte tanto las cosas? Necios. No eres especial, al menos no para mi. Estoy aquí porque estoy siguiendo órdenes. Y antes de que preguntes: Sí, alguien me envió; pronto lo conocerás. Y con respecto a tu futuro, eso es algo que sólo tú podrás determinar. No me preguntes eso, no seas «ingenuo». Escucha bien mis palabras, yo ya te di mi consejo: Ten paciencia.―
«¿Alguien lo envió? ¿Quién? Supongo que no me queda de otra más que esperar. Paciencia, claro está.»
―Bien, ya me voy, pequeño ingenuo. Disfruta tu insomnio―dice, mientras que se voltea y la puerta se empieza a cerrar.
―¡Espera!―grito rápidamente― ¿Cómo te llamas?
―Ja, pregunta interesante. Eres el primero que lo hace, y en su primera vez. Puedes llamarme Akhitobe.― me responde, al tiempo que veo una enorme sonrisa en el perfil de su esperpéntico rosto.